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lunes, 19 de agosto de 2013

Ideas para empezar el cole con buen pie.



Conforme se acerca el primer día de clases, los niños comienzan a sentirse inquietos y un poco angustiados; lo mismos pasa con los de nuevo ingreso o que por alguna razón tuvieron que cambiar de escuela; tanto los padres de familia como los maestros están conscientes de esta situación, así que cada uno por su lado debe trabajar para que el niño se siente más tranquilo y aprende a verle el lado positivo a todos estos cambios.
Los padres por su parte deben platicar con sus hijos, tranquilizarlos haciéndoles notar los aspectos positivos de empezar la escuela, entre estos volver a ver a sus amigos, conocer otros nuevos, tal vez conocer una nueva escuela, etc.
Es muy importante (si existe la posibilidad), llevar al niño al colegio unos días antes del inicio de clases para que lo conozca, y acompañarlo el primer día; posteriormente podrás organizarte para que otras personas de tu confianza puedan pasar por el, pero el primer día es de gran ayuda porque se sentirá más tranquilo de saber que estas a su lado.
Y para que todo marche bien, sugiero lo siguiente:
- Hablar con ellos sobre la importancia del regreso a la escuela y determinar con ellos lo que se espera de este año y cómo piensan lograrlo.
-Plantear el regreso a clases como algo positivo y muy importante.
- Escuchar sus temores, dudas, intereses y expectativas con mucha atención y orientarlas respetuosamente en todo momento.
- Establecer y respetar los horarios para levantarse, dormirse, alimentarse, tomar clases especiales, hacer tareas y jugar o entretenerse.
- Responsabilizarlos sobre el cuidado de sus útiles escolares, el arreglo diario de sus uniformes o ropa de escuela, así como de la solución de sus tareas escolares para evitar el desorden que es causante muchos problemas y tensiones familiares.
- Supervisar bien su desayuno que es el principal alimento que les permitirá concentrarse y aprender bien durante toda la mañana. Con frecuencia es importante incluir un complemento alimenticio para el recreo, para que no les falten todas las vitaminas y minerales esenciales para su adecuado crecimiento y desarrollo, acompañado de una notita de amor que los haga sentir seguros.
- Estar pendientes de todos los cambios posibles de conducta o actitud que puedan ser manifestaciones de algún problema no resuelto en la escuela o en su vida personal. Tener en cuenta que los problemas para ellos son tan grandes e importantes, como lo son los nuestros.
- Tener todo listo para que las prisas no sean otro motivo de estrés, salir a tiempo para evitar el tráfico y mostrarse contentos en todo momento.
Pero también durante el año escolar hay que vigilar conductas que nos pueden indicar que los niños  no se encuentran bien en la escuela, como:
- Llorar todos los días al entrar a ella.
- Orinarse cuando ya han logrado controlar este reflejo. - Simular o presentar dolor de estómago, cabeza, náuseas y otros todos los días.
- Sentirlos desmotivados y tristes cada vez que salen de la escuela.
- Quejarse continuamente ante los padres sobre la conducta de maestros o compañeros.
- Presentar algún signo de violencia o golpe.
- Detectar baja de calificaciones sin motivo aparente.
Ante estas señales es importante:
- Escuchar a los niños y niñas, atender a sus quejas y darles credibilidad hasta que se demuestre lo contrario.
- Hablar con maestros y directores y comentar los cambios de conducta inesperados.
- Denunciar cualquier hecho de violencia.
- Ayudarlos y orientarlos en sus requerimientos.
- Comentar con los maestros si se piensa que las tareas son excesivas.
- Estimularlos y felicitarlos ante sus éxitos y orientar sus fracasos y errores para que aprendan de ellos.
Hay que recordar que serán muchos los años que los niños estarán en la escuela y que esa debe ser una etapa de aprendizaje saludable y placentero y no de angustia y temor.
Hagamos que la vuelta al cole sea una ilusión, cuéntale tus experiencias cuando eras pequeño y si aún conservas las amistades de tu cole dile lo maravilloso y valiosas que son esas amistades.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Cómo explicar la muerte de un ser querido a un niño



Explicar la muerte de un ser querido a un niño es complicado
La forma de entender la muerte es algo muy subjetivo y personal para los adultos. Además, al ser un fenómeno frecuentemente asociado a creencias religiosas, cada familia conceptualiza la muerte de manera distinta y esto se transmite a los hijos.
Cuando fallece un ser querido, los padres se plantean cuál es la mejor manera de comunicárselo a los niños. Los adultos quieren evitar el sufrimiento de los pequeños, pero en algunos momentos de la vida esto no es posible.
No existe una fórmula universal para explicar la muerte de un familiar a los niños de 3 a 5 años. Cada familia debe buscar la forma más adecuada atendiendo a sus creencias sobre la muerte y lo que hay después de ella y teniendo en cuenta las características del propio niño.
No obstante, teniendo en cuenta las características evolutivas de los niños de 3 a 5 años, pueden establecerse algunos consejos que las familias pueden tener en cuenta para decidir cómo darles la triste noticia a los niños.
Cómo perciben la muerte los niños de 3 a 5 años
Los niños conceptualizarán la muerte de un ser querido en función de las habilidades cognitivas y emocionales propias de su edad.
Así pues, debido al desarrollo de su pensamiento, los niños de 3 a 5 años entienden la muerte como algo provisional, transitorio. Es decir, no entienden que la muerte es “para siempre”, que nunca volverán a ver a la persona fallecida.
Además, los niños de 3 a 5 años tienen un pensamiento y un desarrollo emocional "egocéntrico", centrado en sí mismos, por lo que es común que se sientan culpables de lo que acontece a su alrededor, incluso de la muerte de un ser querido.
También es común que algunos niños muestren que no les ha afectado el fallecimiento del ser querido y actúen como si nada hubiese sucedido. Esto es muy desconcertante pero es normal.
Del mismo modo, es normal que los niños tengan regresiones, que dejen de hacer cosas que ya habían conseguido (como volver a hacerse pis en la cama, pedir el chupete que ya habían dejado, etc.).
Asimismo, los niños pueden expresar sus emociones a través del juego. Es importante observarles para ir conociendo cómo se sienten.
Cómo explicar la muerte de un ser querido a los niños
Cuando fallece un ser querido, es importante contar a los niños la verdad: que esa persona ha muerto, que ha dejado de vivir. Cada familia explicará el concepto de muerte en función de sus creencias, pero es importante que la explicación sea clara y sencilla, para que los niños puedan comprenderla.
Es importante decir a los niños que la persona ha fallecido, que no volverá. Los niños de esta edad no entienden que la muerte es algo permanente, por lo que es importante explicárselo.
La noticia debe darse pronto, puesto que los niños percibirán la tristeza de los adultos. Se debe esperar a que pasen los momentos de mayor impacto e intensidad en los adultos para poder explicárselo a los niños con cierta serenidad. Pero no se debe demorar demasiado porque los niños perciben desde el principio que algo sucede.
Es importante explicar a los niños de una forma sencilla de qué murió la persona (estaba muy enfermo, se había hecho mucho daño) para evitar que los niños puedan sentirse culpables.
Debe tenerse en cuenta que a muchos niños les costará tiempo aceptar lo sucedido. De ahí la importancia de respetar el tiempo que necesiten los niños para asumir la pérdida.
Es positivo animar a los niños a que expresen sus emociones y dudas al respecto. Debe escuchárseles, atendérseles, hacerles sentir arropados y comprendidos. Como en todos los ámbitos de su aprendizaje, los padres ejercen de modelo para los niños. Su forma de expresar los sentimientos asociados a la muerte del ser querido servirán como referencia a los niños. Aprenderán a expresarse en función de cómo se expresen sus adultos de referencia.
Para ayudar a los niños a superar estos momentos complicados, es muy importante que el adulto se ponga en el lugar del niño, que trate de entender sus sentimientos y de responder a sus necesidades. Esto implica que tal vez el niño necesite más atención por parte del adulto, pasar más tiempo juntos. Los adultos deben ser flexibles con el niño, adaptarse a los reclamos del pequeño proporcionándoles seguridad y confianza para superar la difícil situación. Si el niño tiene regresiones, deben aceptarse y permitirse, puesto que éstas responden a una necesidad emocional del niño.