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jueves, 11 de abril de 2013

LOS EFECTOS BENEFICIOSOS DE LA MÚSICA EN LOS NIÑOS



Los niños pequeños disfrutan de la música. A ellos les gusta escuchar instrumentos musicales y cantar canciones. Los adultos captan este interés temprano de sus hijos al brindarles oportunidades para que realicen actividades musicales. Bríndele al niño  muchas oportunidades de este tipo, permítale escuchar y experimentar con distintos estilos de música.

El canto es natural en los niños y es una expresión vocal de su propia identidad. Al niño  le gusta aprender canciones y anticipar las palabras o frases que siguen. Cante a menudo con ellos para fomentar su amor por la música.

También  les encanta moverse al compás de los sonidos musicales. Los bebés y los más pequeños disfrutan golpeando con sus piernas, balanceando sus brazos y moviendo sus cuerpos. Animémolos  a bambolearse, saltar, mover los brazos y bailar. A medida que crezcan, disfrutarán de los instrumentos musicales tales como la batería, los triángulos, los palos de percusión o las panderetas.

La música contribuye a fomentar el desarrollo intelectual, desarrollar la aptitud física, manejar los sentimientos personales, desarrollar el gusto por las tradiciones culturales del individuo y crear oportunidades para la propia expresión. Una temprana exposición a la música no sólo contribuye a mejorar la aptitud musical futura del niño sino también lo ayuda a mejorar su aptitud para aprender matemáticas. Las investigaciones realizadas sobre el cerebro humano han revelado que la porción de cerebro utilizado para el aprendizaje de la música está al lado de la porción encargada del aprendizaje de las matemáticas y la lógica. Esto probablemente explica por qué las personas que son talentosas para la música tienden a ser excelentes en sus habilidades matemáticas.

Recientes investigaciones muestran que la música también contribuye al desarrollo saludable de los niños pequeños. La música crea un ambiente rico que fomenta la autoestima y promueve el desarrollo social, emocional e intelectual.

Al incluir la música como parte de su educación, los niños disfrutarán momentos de alegría en los que tienen la oportunidad de exteriorizar la comunicación, movimiento, socialización y creatividad, además les brinda la oportunidad de promover el aprendizaje, estimulando su desarrollo y fortaleciendo su aptitudes para establecer relaciones fuertes y sanas con otras personas.

La música se encuentra alrededor nuestro. Esos sonidos cotidianos que escuchamos a diario en cualquier parte son música, tienen ritmos que se convierten en melodías. Podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar su habilidad de escuchar y su creatividad para que descubran esos sonidos musicales que nos rodean.

Lo especial de la música es que nos permite aprender sobre el mundo que nos rodea. Gracias a ella se obtiene:
• Palabras, bases para construir el lenguaje y la capacidad de leer y escribir.
• La repetición, reforzando el aprendizaje.
• Los patrones para ayudar a anticipar lo que sigue.
• Un compás rítmico que ayuda a tener una mejor coordinación.
• Melodías que llaman la atención y nuestro agrado.
La música colabora con las habilidades para el desarrollo. Con la música se puede:
• Generar coordinación permitiendo a los niños seguir un compás y usar sus mentes, voces y cuerpos
en conjunto.
• Ayudar a los niños mayores a compartir, hacer amigos, y sentirse cómodos en grupo.
• Fomentar el desarrollo del lenguaje por medio de historias, rimas y ritmos.
• Despertar la creatividad permitiendo a los niños llenar los vacíos de las palabras, descubrir sonidos o inventar canciones.
• Construir relaciones, comunicar sentimientos, dar comodidad y consuelo.
• Desarrollar la motricidad fina y gruesa a través de juegos con los dedos, el baile o la interpretación de instrumentos.
• Desarrollar la individualidad permitiendo a los niños descubrir sus propios sonidos y estilos de música.
 
Proporcionemos a los pequeños  un entorno donde pueda cantar canciones y producir sonidos musicales de manera espontánea durante el juego.   Los beneficios pueden ser para siempre

sábado, 9 de marzo de 2013

MI HIJO MUERDE, ¿QUE DEBO HACER?



"Nuestro hijo empezó a morder cuando le salieron los primeros dientes. Lo hace sobre todo cuando se enfada, pero otras veces lo hace por las buenas. Tenemos miedo de que muerda a sus compañeros cuando llegue el momento de llevarle al colegio” FRASE  Y PREOCUPACION DE MUCHOS PADRES.
Lo primero que voy a explicar es porque los niños muerden:
Por increíble que parezca, morder es parte normal del desarrollo temprano de todo niño. Los bebés y los pequeños que recién empiezan a caminar muerden por diversas razones que van desde el proceso de dentición hasta la exploración de objetos con la boca. Cuando aprenden la relación causa-efecto, muchas veces intentan morder a las personas para obtener una reacción. Morder también puede ser una forma que encuentra el niño para llamar la atención o expresar sus sentimientos. La frustraciónla ira y el miedo son emociones muy fuertes y los pequeñitos no tienen los recursos para lidiar con ellas. Por tanto, es un lenguaje para decir: “Estoy aquí” o sencillamente “Eso no me gusta”.
Es un comportamiento más frecuente en los niños de 1 a 2 años y tiende a desaparecer en la medida que se aprenden otras habilidades de comunicación.
El hábito de morder normalmente se origina por uno de cuatro factores diferentes:
Experimentación:
Los bebés y los niños pequeños muerden para experimentar y explorar el mundo que los rodea. Se llevan todo tipo de objetos a la boca y a veces los muerden. Usted puede contribuir a erradicar esta mala costumbre diciéndoles: "¡No, morder duele!" y manteniéndose firme. También ofrézcales cosas que puedan morder de modo seguro como por ejemplo, anillos para la dentición.
Frustración:
Un niño pequeño puede también morder si se siente frustrado o incapaz de enfrentar una situación. Hasta que aprenda a jugar cooperativamente, es posible que responda a las demandas de los demás niños pegándoles o mordiéndolos.
Impotencia:
Es posible que un niño muerda cuando necesita sentirse fuerte. Por ejemplo, el niño más pequeño de la familia puede a menudo llegar a morder a alguien sólo para ganar poder.
Estrés:
Un niño puede morder si siente un gran estrés emocional. Tenga siempre en cuenta que el hecho de que el niño muerda a alguien puede llegar a tratarse de un signo de sufrimiento o dolor cuando se siente enfadado o enojado.
¿QUE HACER SI MI HIJO MUERDE? 

Consolar primero a la víctima

Dirige tu atención a la persona que ha sido mordida, especialmente si es otro niño. No debes señalar en primer lugar la conducta errada pues la reforzarías. Recuerda que el mordedor quiere llamar la atención. Si ha habido alguna lesión, desinfecta el área del herido con jabón y agua. Luego aplica hielo. Pero la atención debe estar fijada siempre en el herido, para que el quede en segundo plano y vea que  esta manera no es la correcta para llamar tu atención.

Permanece calmado y firme

Dirígete a tu hijo con firmeza  agachado a su nivel y diciendo: “¡Morder hace daño y duele!”. Utiliza una frase simple que el pequeñito pueda entender. Deja claro que morder está mal pero sin dar explicaciones que aún no puede entender. Mientras más calmadamente reacciones, más rápidamente se solucionará el problema.

Consuela al mordedor si lo necesita

A menudo sucede que los niños que recién caminan no entienden que morder duele. Es correcto consolar a un menor si se siente culpable por haber lastimado a su amigo.( esto si es la primera vez, si la conducta es repetida pues lo mejor es ignorarlo)

Ofrece alternativas

Cuando todo se haya calmado, sugiere alternativas que sean a través de palabras, por ejemplo: “Stop”, “Detente”, para comunicarse con los otros y así evitar que vuelva a morder, pues al escuchar estas palabras lo asociara y entenderá.

Desvía la atención

Las distracciones obran maravillas en los niños de esta edad. Si los niveles de energía y emociones están muy altos ya, o hay aburrimiento, encauza la atención hacia otro tipo de actividades más novedosas: cantar, bailar, colorear u otro juego, un juego de disfraces
Felicitarlo:
Elógielo cuando no muerde, de esta manera podrá darse cuenta que haciendo cosas positivas llama más la atención de papá y mamá.



Si los pasos anteriores no resuelven, puede ser efectivo hacer una pausa: se lleva al niño hacia un lugar más alejado por un minuto y se le calma. El castigo no suele ser necesario en estas edades pues morder es normal y muchos no entienden que están causando daño a otras personas. Pero sí recuerda ser firme y llevar a cabo cada uno de los pasos anteriores, es una excelente manera de educar mejor a tu hijo y evitar de esta manera que pueda morder en el colegio.